Está usted alojado en la habitación que desde este Hostal queremos nombrar en recuerdo de Don José Moñino y Redondo, Conde de Floridablanca, nacido en Murcia en 1728 y fallecido en Sevilla en 1808. Fue nombrado fiscal del Consejo de Castilla en 1766. Embajador en Roma en 1772, en el mismo año en el que se le otorgó el Condado; consiguiendo la expulsión de los Jesuitas de España en 1773. En 1777 se le nombró Secretario de Estado (antiguo nombre de Ministerio de Asuntos Exteriores) durante 15 años, añadiéndoseles las carteras de Gracia y Justicia (1782-1790), sufriendo un atentado por parte de un curandero el 18 de junio de 1790.

Siendo primer ministro mandó se enviase a Conil a algún trabajador del Museo Nacional de Ciencias Naturales para recoger azufre, era el invierno de 1791, cayendo en desgracia y perdiendo el cargo a principios de 1792, por sus posiciones contrarias a Aranda.

El encargo que solicitó se llevó a cabo, pero cuando el azufre de Conil llegó a Madrid, había sido desterrado a Hellin y el Conde de Aranda (1er Ministro) mandó se le encarcelase en Pamplona.

 

Con Manuel Godoy en el poder (1794) fue absuelto y se trasladó a Murcia, desde donde se trasladó a Sevilla como presidente de la Junta Central Suprema en el año de 1808, para atender los asuntos de España durante la invasión francesa de Napoleón.

Bien podría haberse sentido orgulloso aquel Floridablanca que pretendía fomentar las obras públicas, sobre todo mediante la construcción de nuevos caminos y la mejora de los ya existentes, y modernizar la agricultura. Su pretensión, según el historiador Álvarez Santaló, era transformar la sociedad en un conjunto útil y funcional, para lo cual era imprescindible “reconvertir” al grupo dirigente nobiliario en un sector “productivo”, reducir en lo posible las desigualdades fiscales, eliminar los prejuicios que afectaban al honor social y que se referían a su incompatibilidad con el trabajo y la eficacia, y controlar a los grupos marginales con el fin de reintroducirlos en el circuito productivo mediante su regeneración.

Su imagen es la carta de presentación de esta habitación que se erige en su nombre y al entrar en ella y contemplar los tesoros de Conil de la Frontera, podamos observar una de las mejores riqueza de Conil, su huerta, los productos de aquellos agricultores y labradores que sabiendo hacer bien su trabajo se concentran en torno a la Cooperativa Agrícola Nuestra Señora de las Virtudes, que bien podemos visitar cualquier tarde en el Polígono Industrial La Lobita, lugar de confluencia de los campos y caminos donde se trabajan la huerta de aquí. Disfruten pues de esta habitación y de las bondades de nuestra huerta que bien merece un paseo gastronómico por nuestras callejuelas y plazas.